Por temor, por flojera o comodidad... ¿por qué no probamos algo nuevo? Un hábito, conocer a otra persona, comer en otro lado u otras cosas. Mucho por ganar y poco por perder ;) Les dejo este video cortito de TED en donde Matt Cuts habla al respecto.
http://www.ted.com/talks/matt_cutts_try_something_new_for_30_days.html
jueves, 17 de octubre de 2013
martes, 1 de octubre de 2013
Respeto, congruencia y solidaridad
Una se encuentra de todo en la vida. De todo tipo de
personas también. Llegando a cierta plaza comercial con mi mamá para que le
aplicaran su quimioterapia, busqué el lugar de discapacitados, el cual
normalmente utilizamos pues debemos bajarla con su silla de ruedas, oxígeno,
etc. Con desagrado noté que ambos lugares destinados a este uso se encontraban
ocupados por vehículos que no tienen el símbolo correspondiente. No obstante,
me declaro culpable y reconozco que el vehículo de mi mamá, el cual traigo,
tampoco lo tiene. Por esta razón pensé: “es posible que como tú, no hayan ido a
la dependencia gubernamental correspondiente a tramitar las placas, así que ni
juzgues”.
En lo que hice mil malabares
para bajar a mi madre en la rampa para la silla de ruedas noté que junto a
donde me paré había una estructura naranja señalando que estaban haciendo
trabajos y unos montones de tierra. Cuando mi madre estuvo en piso vi que los
lugares de discapacitados se desocupaban por lo que me apresté a ocupar uno de
ellos sin darme cuenta que justo al frente había un agujero enorme (justo entre
la estructura naranja y los montones de tierra). Por no pegarle al vehículo que
se encontraba saliendo del lugar de discapacitados, en el que por cierto no había
discapacitado, caí en dicho agujero quedando atorada.
Lo interesante fue el comportamiento de algunas personas.
El
hombre dueño del vehículo por el cual caí, que no respetó un espacio para
personas con capacidades diferentes, se fue sin remordimiento alguno. Otras chicas que se encontraban tomando café
justo enfrente y que vieron toda la travesía continuaron como tales, meras
observadoras. En cambio, el personal de la plaza, desde una persona del área
administrativa, el guardia de seguridad y algunos albañiles que se encontraban
cerca, inmediatamente corrieron en mi auxilio. Entre todos me ayudaron a sacar
el vehículo con todo cuidado hasta el punto de dejarlo estacionado en el lugar
adecuado, así como intentaron animarme cuando yo me sentía la mujer más
estúpida de todo Puebla.
Mucho aprendí en estos veinte minutos. Primero, debo cumplir
con la ley si espero que los demás cumplan con ella. En esta semana iré a
buscar las placas. Entendí también que quien no tiene principios ni valores, no
los tendrá ni en la mejor o en la peor de las circunstancias. Estos valores no
se aprenden o adquieren en virtud del dinero o posición económica. Me queda
clarísimo que todavía existen caballeros y que muchos (en este caso todos) no
usan traje de marca pero sí una mano solidaria y una sonrisa reconfortante.
domingo, 18 de agosto de 2013
Sobre “Buyology” de Martin Lindstrom
Introducción
El comportamiento del consumidor
ha sido una incógnita para las organizaciones durante muchas décadas. Incluso,
nosotros mismos, al final de un fabuloso día de compras, es posible que no
entendamos las razones por las que hemos adquirido ciertos bienes o solicitado
determinados servicios. Es aquí en donde toma relevancia la investigación de
Martin Lindstrom, quien con esta publicación nos ha ayudado a entender en mayor
medida nuestra toma de decisiones con relación al consumo.
Las encuestas,
estudios de tendencias, según la mayoría de estudiosos de la mercadotecnia no
han sido suficientes para generar una imagen fidedigna de los consumidores. Por
esta razón, Lindstrom le apuesta a la neurología con el fin de demostrar
científicamente cómo se comporta nuestro organismo ante la decisión de compra. Si
nosotros pensábamos que comprábamos por alguna razón o que elegíamos sin
restricciones el restaurante del fin de semana, este libro viene a demostrarnos
que esto no es enteramente cierto.
Habiendo sido
esta obra un agradable encuentro, lo que planeo a lo largo de este ensayo es comentar
de manera, espero no demasiado extensa, todos aquellos puntos que llamaron mi
atención y con los que concuerdo, así como aquellos con los que tal vez no
difiero pero me gustaría aportar una perspectiva desde mi trinchera. Lo
anterior lo realizaré platicando de dos casos en específico, el del tabaquismo
y el de la renta de autos, los cuales me ha tocado vivir de manera
particularmente intensa en los últimos años y días (respectivamente). Esto
permitirá abarcar por lo menos un producto y un servicio, de los cuales se
podrá comentar, como mencionaba, los distintos puntos abarcados por el autor y
posiblemente relacionándolo con otras fuentes que he considerado pertinente
incluir.
Desarrollo
De tabaco y algo más…
La obra comienza por relatarnos
sobre un tema que a mí me interesa en el lado profesional, pero sobre todo,
personal. Se trata del tabaquismo. ¿Por qué algunas personas fuman? ¿Por qué no
pueden dejarlo? ¿Qué les llama la atención de los comerciales o imagen que se
genera alrededor de este hábito tan nocivo que millones de personas todavía lo
consumen?
Según el
último informe de la Organización Mundial de la Salud, cada año el tabaco mata
aproximadamente a unos seis millones de personas y causa pérdidas económicas
valoradas en más de medio billón de dólares (World Health Organization, 2013) . Sin embargo, no
necesito irme tan lejos. Mi familia ha consumido cigarros desde antes de que yo
tuviera memoria. Prácticamente podría decir que durante varios años mi madre
fue el sostén de una tabacalera cuya marca de cigarros asegura un suave efecto
pero resulta ser todo lo contrario. Mis abuelos, mi tío y mi mamá todos fumaban
o fuman. Cincuenta años son los que fielmente mi madre ha fumado, con un solo
descanso de seis meses y pese a todas las consecuencias que esto le ha
generado.
Aunque pudiera
parecer sorprendente lo que halló Lindstrom en sus averiguaciones,
personalmente debo decir que me hizo mucho sentido y lo he comprobado en el día
a día. El hermano de mi mamá es neurocirujano, conoce perfectamente de lo que
habla el autor y fuma. Pese a los cateterismos que le han tenido que realizar y
al conocimiento que tiene respecto a los padecimientos que genera, él fuma.
Pese a que ambos vieron morir a mi abuelo de enfisema, junto a un tanque de
oxígeno, mi madre y su hermano fuman.
¿Biología,
sociología o psicología? Comúnmente encontramos esta pregunta en nuestras
conversaciones sobre las razones para empezar o continuar fumando.
Definitivamente el efecto espejo puede aplicar para empezar a fumar aunque
biológicamente no se haya determinado una necesidad de hacer esto.
Sociológicamente también podemos decir que la cultura en la que nos vemos más
envueltos toma un papel preponderante en el adoptar un hábito bueno o malo.
Aunque México no se encuentre entre los países de mayor consumo de tabaco, la
realidad es que todavía existe un gran porcentaje de personas que fuman y la
cotidianidad no ayuda a mejorar estos aspectos de la calidad de vida (Pizarro, 2013) .
La respuesta
que obtengo cuando pregunto sobre los orígenes de esta adicción en mi madre son
muy similares a las de otras personas: “en ese tiempo no se sabía que era malo”
(enorme mentira, por cierto), “todos en casa fumaban”, “en la universidad
fumaban”. El efecto espejo del que habla Lindstrom es perfectamente
identificable. No obstante, para el mantenimiento de este consumo he
identificado varias respuestas: “me siento mal”, “no quiero” (posiblemente la
más honesta), “me genera ansiedad”.
Ahora bien,
abordando el tema que posiblemente me sea más interesante tocar en este
momento, ¿qué pasa entonces con todas las políticas públicas de las que habla
el autor en contra del tabaco? Podríamos dividir en dos escenarios esta
problemática, aquéllos que están en riesgo de consumir el cigarro por primera
vez y caer en el vicio y aquéllos que ya tienen este hábito. Evidentemente se
trata de dos públicos distintos por lo cual, si analizáramos las políticas
públicas, éstas deberían de tener distintos enfoques para tratar con estos dos
grupos ¿cierto?
Según informes
de la American Cancer Society y de la World Lung Foundation, en México se
consumen alrededor de 371 cigarrillos al año per cápita, cerca del 32% de la
población fuma y más del 35% de los profesionales de la salud también tienen
este hábito. Estamos hablando de una gran exposición a este vicio, los que no
lo hacen, muy probablemente se verán influenciados en determinado momento a
probar y los que ya fuman probablemente continuarán pues el
ambiente en el que se encuentran lo fomenta. Otro dato interesante de este
mismo informe es la cantidad de adolecentes de trece a quince años cuyas personas cercanas fuman y es
prácticamente la mitad (The Guardian, 2012) .
De esta forma,
si con programas y políticas públicas pensamos atacar este mercado, es posible
que desde un enfoque preventivo podamos restringir a los fumadores de alguna
manera. Según el informe de la OMS citado anteriormente, 2013 muestra que,
independientemente de su estructura política o nivel de ingresos, cualquier
país puede establecer un programa eficaz de control del tabaco para reducir el
consumo del mismo y que más de 2300 millones de personas
-un tercio de la población mundial- están hoy protegidas por al menos una de
las medidas recomendadas por la misma organización y aplicadas en su más alto
grado. Casi mil millones de personas están protegidas por dos o más medidas
aplicadas con el máximo rigor (World Health Organization, 2013) .
Según este
reporte también, la creación de lugares públicos y lugares de trabajo sin humo
sigue siendo la medida que más y en mayor grado se ha implementado. Hay 32
países que aprobaron prohibiciones completas del tabaco en todos los lugares de
trabajo, lugares públicos y medios de transporte público (World Health Organization, 2013) . No obstante, esto
puede servir para personas que no han fumado antes pues disminuye los riesgos
de que adquieran este hábito, ¿pero qué hay del resto que ya fuma?
En su estudio,
Martin Lindstrom concluye que es muy difícil que este tipo de advertencias en
los paquetes, las limitaciones de espacios para fumar, etc. tengan un impacto
real en fumadores consumados (¿o consumidos?). De hecho, las imágenes de
advertencia les hacen desear fumar más. Me imagino que en el análisis
neurológico habrá sido muy evidente esta alteración pues de manera lógica uno
no concluiría que la imagen de una persona con el rostro demacrado por enfisema
hace deseable o antojable cualquier producto. Sin embargo, es absolutamente
cierto, he visto en casa esta indiferencia ante tales advertencias. No sólo
eso, sino que la advertencia en el paquete la han vivido, la han visto en su
propio hogar o la han padecido.
Mi madre fue
diagnosticada con cáncer hace diecinueve años, ocasión en que por primera vez
le prohibieron terminantemente el cigarro y contrario a toda razón lógica,
médica o sentimental (pues en ese momento tenía una hija adolescente), ella
siguió fumando. Hace cuatro o cinco años, también estuvo en riesgo su vida
debido a las deficiencias pulmonares que más de cuarenta años de mantener este
hábito, le habían ocasionado, y siguió fumando. Hace cuatro meses fue
nuevamente diagnosticada con cáncer en el pulmón fase IV, ocasionado única y
efectivamente por el tabaco. Dependiente de oxígeno las 24 horas, prácticamente
sin movilidad y con este padecimiento, aún no deja de fumar. ¿De verdad serán
suficientes las políticas públicas de las que habla la OMS y las advertencias
en los paquetes de cigarros? La respuesta es obvia.
¿Voluntad
política? Puede que la haya, puede que no, pero si no hay voluntad del fumador
aferrada a mecanismos eficientes para dejar el cigarro, es poco probable que se
combata el problema. Más si compañías como la Philip Morris piensa lanzar un
cigarro híper-concentrado como el que se describe en la obra (no lo ubiqué en
el mercado, pero vale la pena mencionarlo). Ahora, si recordamos bien los
logos, podría ser importante pero, lo que me queda clarísimo es que, si
nosotros recordamos en su mayoría los olores y sabores, el olor a cigarro
posiblemente genere un sentimiento de comodidad, relajamiento, incluso
seguridad a quienes lo consumen.
¿Valdría la
pena investigarlo? Por supuesto. ¿Habrá una sola respuesta? Lo dudo. ¿Nos
podría ayudar a combatir este problema? Probablemente al principio, pero no
deseo ser escéptica pues aunque es muy difícil que esto ocurra yo no tengo una
mejor solución (sobre todo después de más de treinta años de convivir con
fumadores).
Lo que sí me
queda claro es que para entender a estas personas hay que escucharlas. Sus
labios podrán decir una cosa, sus conexiones neuronales podrán mostrarnos otra,
pero la observación integral de todo es la solución más cercana a una realidad
completa. Deberemos entender por qué empezó a fumar, por qué dice que continua,
por qué sus neuronas nos indican que lo sigue haciendo y en qué momentos vemos
que no puede evitarlo.
En ruta…
Me enfocaré ahora a un servicio:
la renta de automóviles para pasajeros. Dicen que las cosas pasan por algo. Por
esta razón, redactaré una anécdota reciente sobre una muy mala experiencia que
tuve con este servicio procurando analizar las áreas de oportunidad que se
tuvieron en el proceso.
Resulta que un
grupo de académicos y yo nos encontramos en la ciudad de Waterloo, Canadá,
tomando un curso de actualización. Al tener el fin de semana libre, decidimos rentar
un coche que nos llevara a las cataratas del Niágara, con el objetivo de
compartir un tiempo juntos, economizar
en el pasaje y aprovechar al máximo el limitado tiempo para pasear. Habiéndonos
puesto de acuerdo, los más valientes del grupo fueron a un local que nos
recomendó un compañero que lleva viviendo algún tiempo en esta zona, e hicieron
el apartado del vehículo.
La idea era
salir el día viernes después de clase (medio día) para verlas con luz y pasear
en las cercanías. Cinco fuimos los primeros en ponernos de acuerdo para el
primer coche y luego se animaron otros cinco para acompañarnos, por lo cual
representantes de cada grupo fuimos a recoger el primer vehículo y a conseguir
el segundo para los restantes. Con tanta suerte que en la empresa en donde
primero se había logrado apartar el vehículo ya no había más y tuvieron que ir
a buscar un segundo en otra. Digo suerte porque, además de haber pagado menos,
a ellos no les pasó lo que a nosotros, que estábamos en el primer grupo, con la
primera agencia, nos pasó.
El punto es
que a quince minutos de llegar a nuestro punto, nosotros que íbamos al frente,
empezamos a ver cómo el coche reducía su velocidad paulatinamente hasta que nos
tuvimos que orillar. La desaceleración fue tal que después ya no avanzó y nos
quedamos dos coches parados en la carretera, con diez mexicanos angustiados y
enojados. No tardó en llegar la autoridad quien nos indicó que llamáramos a
nuestra grúa (¿cuál?) y que nuestros compañeros (desde este momento conocidos
como “los suertudos”), debían moverse o continuar. Al no tener grúa, en
absoluto dominio de su oficio, el policía llamó a la suya asegurándonos sobre
el peligro que corríamos de permanecer ahí y nuestros compañeros continuaron
con su viaje pues no había más que pudieran hacer al respecto.
Vimos pasar
alrededor de tres grúas, ninguna para nosotros, hasta que llegó una con Mike
(nuestro vocal oficial a partir de ese momento), quien nos trasladó a un lugar
más seguro desde el cual nos ayudó a llamar a todos los números de la compañía.
Aquí entra todo el tema del comportamiento del consumidor.
De los números
que teníamos, por lo menos en tres, nos dejaron colgados varios minutos o
incluso se perdía la conexión. Nos comunicaban con personas que no podían
resolver el problema (siendo ahora éste el que la grúa que llamó el oficial no
era de la compañía, no sabía a dónde movernos, no sabía si nosotros tendríamos
que pagar por la avería o por ese servicio, etc. Al ser viernes por la tarde,
parecía que todo estaba cerrado y que nadie nos atendería. Llegó un punto en
que la única persona que respondió le dio indicaciones de que nos dejara sobre
la carretera y que mandarían otra grúa junto con otro taxi para recogernos.
Para no extenderme más, pasamos alrededor de cinco o seis horas en un café al
lado de la carretera esperando a que alguien recogiera el vehículo o a
nosotros, cambiamos de grúas, llegaron taxis que no tenían la capacidad para
llevarnos, etc. Una calamidad sobre otra.
Finalmente,
fue por nosotros un taxi y bajo la indicación de que dejáramos el vehículo para
que lo recogiera otra grúa con las llaves en el tapete dentro del mismo, nos
fuimos. Incluso antes vimos la grúa que pasó y se lo llevó sin la menor
dubitación. A la una de la mañana nos encontrábamos caminando en el centro de
la ciudad, unos siete kilómetros, hacia nuestra residencia y lo que más nos
preocupaba era que al día siguiente debíamos ir a la agencia para arreglar todo
el embrollo y solicitar nos devolvieran el dinero gastado de nuestros bolsillos
para un vehículo que no funcionó, una grúa que nos impusieron pero que no nos
aceptaron que tomáramos, muchas y largas llamadas de larga distancia, gasolina,
etc.
Al día
siguiente fuimos a la agencia en donde, para nuestra sorpresa, no sólo no nos
regresaron el dinero gastado sino que un empleado malhumorado nos gritó y
regañó diciéndonos que posiblemente el vehículo había sido robado pues en
Canadá hay grúas que ven vehículos parados y se los llevan y que ahora éramos
responsables del mismo a pesar de haber seguido todas las instrucciones que nos
habían dado. Salimos destrozados, angustiados, frustrados y agotados. Debíamos
esperar al día lunes para saber qué suerte corríamos.
Todo este
relato lo escribo para analizar el segmento y necesidades que debería cubrir un
negocio como éstos. ¿Qué no se supone que deberían proteger a su clientela?
¿preocuparse por ellos? ¿responderles en fines de semana? Si estamos hablando
de un nicho de mercado en el que los clientes son personas que viajan
continuamente, que necesitan que se proteja su seguridad, que se les garantice
una atención e instrucciones claras, etc. ¿no debería de haber sido ésta otra
experiencia?
Finalmente
encontraron su vehículo que obviamente tenían mal rastreado y descubrieron que
se trató de una falla mecánica (como si nosotros lo pudiéramos haber
descompuesto en 45 minutos). Pero, ¿podríamos decir que se resolvió todo? Las
palabras de ellos fueron “esto no se vuelve a repetir”. Por supuesto que no se
vuelve a repetir, ninguno de nosotros cinco y del resto de nuestros quince
compañeros, jamás se arriesgará a hacer negocios con esta empresa que, por
cierto, así se llama en lengua anglosajona. ¿Superstición? Podría haber sido al
principio, antes de enterarnos cómo funcionaba la organización en donde como
consumidor uno compra y paga todos los seguros habidos y por haber para
protegerse en su ruta a alguna ciudad, junta, viaje… Ahora era una realidad que
por cierto le generará muy mala fama a la compañía pues no sólo se trataba de
un “accidente” o de la falla mecánica, sino de lo que ellos fueron capaces de
hacer al respecto, por nosotros sus clientes quienes al final del día, perdimos
dinero pues no nos reembolsaron todo, perdimos confianza, estuvimos en riesgo,
emocionalmente estuvimos mal unos días y perdimos tiempo (un recurso muy
valioso en un viaje corto sobre todo).
Toda esta
anécdota la he escrito en este ensayo pues a pesar de lo que Martin Lindstrom
nos platica en su obra, sobre cómo las neuronas a veces nos pueden traicionar
para consumir un producto, es muy útil. No obstante, también me parece muy útil
el saber por qué dejaríamos de consumir un producto o un servicio (sobre todo
éste último). Aquí es en donde entra la relación con el consumidor. ¿Hace falta
conocerlo? Claro que sí, pero a veces no es necesaria la tecnología, a veces es
más útil ser empáticos, escuchar, conocer el contexto en el que se encuentran y
resolver sus necesidades, sobre todo las más básicas.
Es curioso,
viéndolo en retrospectiva y para comentar al respecto, visité su página de
internet en donde irónicamente se jactan de trabajar para ser los mejores, de
tener un servicio al cliente excepcional, pero no sólo eso sino que le dan
publicidad a un libro en el que se mencionan sus “secretos para el éxito” y el
libro habla de la calidad y cómo exceder las expectativas de un cliente (Enterprise,
2013) .
Si no hubiera sido por la ayuda de otras personas y por nuestro apoyo grupal es
posible que esta experiencia hubiera sido todavía más intolerable, pero está de
más decir que la compañía no fue un soporte en ningún momento por lo que no
importa cuántos electroencefalogramas o tomografías realizaran, es muy
improbable que alguno de nosotros o de nuestros conocidos rentemos nuevamente
un vehículo con ellos.
Conclusión
Existen muchos temas apasionantes
en este libro los cuales merecen un estudio a profundidad. No obstante, no los
abarcaré todos sino que prefiero cerrar con un pensamiento que a manera de
conclusión me parece más valioso: la importancia de conocer al cliente e
interesarse genuinamente por él.
Los avances
tecnológicos nos ayudan cada vez más a entrar en contacto con ellos, revisar
sus pensamientos hasta en la última célula. Claro está que estas
investigaciones hay que seguirlas fomentando pues nos falta mucho por saber. No
obstante, no hay que olvidar lo básico. ¿En qué debemos enfocarnos? En la
persona, en la dignidad y necesidades prioritarias de la misma. En la regla de
oro, tratar a las personas como nos gustaría ser tratado. Para conocer al
cliente empecemos por escucharlo, por asumir nuestra responsabilidad y cumplir
lo que prometemos, por ser congruentes.
Evidente es
que también existe una corresponsabilidad, se debe educar al cliente. El
fumador debe conocer los efectos del fumar y no romper las normas ni hacer daño
a los demás (por lo menos). Las personas que rentan autos debemos informarnos,
leer el contrato y seguir al pie de la letra las instrucciones, cumplir con
nuestro compromiso. La información es la clave pero el sentido humano y el
interés auténtico por ayudarnos y vivir en sociedad es lo prioritario.
Bibliografía
Enterprise. (2013). About us. Recuperado el 15 de julio de 2013,
de http://aboutus.enterpriserentacar.ca/
Lindstrom, M. (2008). Buyology. Amazon digital.
Pizarro, V. (31 de mayo de 2013). Ranking de los 10 países más
fumadores del mundo. Recuperado el 12 de julio de 2013, de Veo Verde:
http://www.veoverde.com/2013/05/top-ten-de-los-paises-mas-fumadores-del-mundo/
Procuraduría Federal del Consumidor. (s.f.). Renta de automóviles. En
qué fijarse antes de decidirse. Consumidor.
The Guardian. (23 de marzo de 2012). The tobacco atlas of the world.
Recuperado el 12 de julio de 2013, de Mexico:
http://www.guardian.co.uk/news/datablog/interactive/2012/mar/23/cigarettes-tobacco-industry-by-country?fb=native
World Health Organization. (2013). Informe OMS sobre la epidemia
mundial de tabaquismo, 2013. Recuperado el 15 de julio de 2013, de World
Health Organization: http://www.who.int/tobacco/global_report/2013/summary/en/index.html
lunes, 15 de julio de 2013
De hackers, información y consumidores...
En esta era de globalización y
tecnología es evidente que una de las propiedades más importantes de las
empresas y en general de los individuos lo constituye el acervo de datos,
información y conocimiento que se genera de estos dos anteriores. La pérdida de
cualquiera de éstos podría constituir la ruina, el desprestigio, una
catástrofe. Los hackers lo saben y el resto del mundo lo teme. Es más, si
nosotros clasificáramos esta necesidad de proteger nuestra información, dentro
de la pirámide de Maslow, lo más seguro es que nos encontráramos en aprietos
pues no sólo se trata de prestigio o economía, sino de seguridad e incluso de
la supervivencia misma.
El tener
buenos respaldos de información e incluso memorizarlos o registrarlos en un
lugar de nuestra absoluta confianza es un consejo que siempre les doy a mis
alumnos. No sólo porque se trate de la base de una buena gestión del
conocimiento sino porque hoy en día es primordial proteger la seguridad del
individuo y de la familia, y cualquiera que tenga conocimientos mínimos de
informática podría pronto saber nuestras cuentas bancarias, nuestro correo
electrónico, si viajaremos o si tenemos deudas, etc.
A nivel
empresarial esto puede tener un impacto mayor, el de muchas familias, el de un
país o muchos países incluso. Para muestra un botón, el del caso del Sr.
Snowden quien al tener acceso a una gran cantidad de información relevante y
secreta del gobierno de los Estados Unidos, es sospechoso de haberlos filtrado
y por lo tanto, ahora se encuentra solicitando asilo político. Esto ha
resultado tan delicado, que incluso gobiernos de mucho poder como Francia e
Italia han revocado la mencionada solicitud con tal de no entrar en un
conflicto político internacional (CNN México, 2013) .
Para concluir
sólo me gustaría resaltar que, a nivel del estudio del comportamiento del
consumidor, esta cuestión adquiere muchos matices relevantes. Primero, ¿valdría
la pena aprovechar toda esa información que se encuentra en la red? Por
supuesto, pero de manera ética ¿no es así? ¿Qué sería ético? ¿Con el
consentimiento explícito del consumidor? ¿Cómo nos cercioramos de esto y de que
el consumidor realmente sabe lo que se hará con su información? ¿Qué pasa en el
caso de las empresas? Segundo. ¿Cómo puede ser esto una oportunidad de mercado
para ciertas industrias? Si sabemos que las personas y empresas desean proteger
su información ¿qué servicio o producto podemos ofrecerles? ¿cuál es el perfil
de este grupo de consumidores?¿cómo podemos satisfacer sus necesidades?
Bibliografía
CNN México. (5 de julio de 2013). Edward Snowden
solicita asilo político a seis países más, según WikiLeaks. Recuperado el
5 de julio de 2013, de CNN México:
http://mexico.cnn.com/mundo/2013/07/05/edward-snowden-solicita-asilo-politico-a-seis-paises-mas-segun-wikileaks
Wharton Universia. (25
de julio de 2012). Una nueva generación de hackers amenaza los datos de
las empresas. Recuperado el 4 de julio de 2013, de Wharton Universia:
http://www.wharton.universia.net/index.cfm?fa=viewArticle&ID=2237
domingo, 7 de julio de 2013
¿Qué consumen las ejecutivas? ...y ¿por qué? entre otras preguntas...
No cabe duda que es interesante
meterse un poquito a la mente de determinado grupo de consumidores. En este
caso las ejecutivas en Venezuela. Recordé nuevamente la película “Lo que ellas
quieren” y me pregunto qué cosas cambiarían de la misma si nos enfocáramos a
este grupo concretamente (aunque la mayoría de ellas ya eran ejecutivas), o por
ejemplo, qué cambiaría si ahora pensáramos en el género masculino (Meyers, 2000) .
Aunque
realizado en un solo país de Latinoamérica, creo que algunos de los resultados
son trasladables a otros países pues como grupo de referencia, las mujeres
ejecutivas, poseen ciertas características, poder adquisitivo, estilos de vida,
similares a nivel global. Los niveles de estrés y eventos que lo generan son
definitivamente muy similares en varias culturas, desde el tráfico y tiempos de
traslado, los conflictos de pareja y el equilibrio entre la vida profesional y
personal (hijos), son algunos de los patrones que se repiten en muchos países (¿Qué consumen las ejecutivas?) .
Por ejemplo, hablando
de cirugía plástica, es notorio cómo se ha incrementado la preferencia por el
consumo de este tipo de procedimientos. Las razones (que en este caso no se
contemplaron de salud), pueden ser variadas, pero el fin es el de sentirse
mejor con ellas mismas. Un artículo recientemente publicado, también identificó
un motivador para el consumo de este servicio: el divorcio. Resulta que las
mujeres recién divorciadas recurren muy frecuentemente a procedimientos estéticos
constituyendo más de una cuarta parte del mercado en Gran Bretaña según una
encuesta realizada en 2011. Los hombres constituyeron el 11% (Youn, 2013) .
Obviamente,
los estereotipos de belleza también influyen mucho en el consumo de cosméticos,
cirugías, ropa y accesorios. Estas imágenes son en su mayoría difundidas también
en las mujeres desde niñas. Claro ejemplo de esto son las muñecas Barbies, un ícono
de la belleza para pequeñas y posteriormente adolescentes, jóvenes y adultas.
La única diferencia es si las Barbies viven en Malibú o se trata de la Barbie
ejecutiva con portafolio. Esta imagen, poco real, fomenta un consumo al igual
que incrementa el estrés de las mujeres hoy en día, quienes aspiran a llegar a
ser como el ícono que idolatraron de pequeñas. Otro artículo interesante al
respecto, incluso muestra cómo sería la Barbie con medidas de la mujer
norteamericana promedio. Como podemos imaginarnos, la diferencia es notoria y
no muy halagadora
Regresando al público
masculino… ¿qué pasa con los esposos y parejas de estas ejecutivas? En el
estudio mencionado que se realizó en Venezuela, varias de las mujeres aseguran
haber tenido apoyo de sus parejas. ¿Cuál es el factor de éxito en estos casos?
¿Qué pasa con los esposos que llevan a la escuela a los niños mientras mamá va
a trabajar? Por cierto, puedo notar que cada vez son más. ¿Qué les caracteriza
a estos compañeros? ¿Qué necesidades tendrán y cómo las satisfacen? A mi manera
de ver, nos estamos quedando cortos y cuando hace muchos años se criticó haber
relegado a la mujer restándole importancia, podría ser que en esta ocasión nos
estemos olvidando del género masculino el cual, no nos olvidemos, sigue
teniendo un gran poder adquisitivo.
Bibliografía
¿Qué consumen las ejecutivas? (s.f.).
Aguilar, V. (18 de
julio de 2011). Nielsen: mujeres tienen más poder económico pero también
están más estresadas. Recuperado el 10 de junio de 2013, de Nielsen:
http://www.nielsen.com/mexico/es/news-insights/press-room/2011/nielsen-mujeres-tienen-mas-poder-economico.html
Meyers, N. (Dirección).
(2000). Lo que ellas quieren. [Película].
Redacción SDP Noticias.
(2 de julio de 2013). FOTOS: Así luciría Barbie con medidas reales de
cuerpo femenino. Recuperado el 2 de julio de 2013, de SDPnoticias.com:
http://www.sdpnoticias.com/sorprendente/2013/07/02/fotos-asi-luciria-barbie-con-medidas-reales-de-cuerpo-femenino
Youn, A. (20 de mayo de
2013). ¿Qué sigue a un divorcio? Quizá una cirugía plástica, si buscas
venganza. Recuperado el 2 de julio de 2013, de CNN México:
http://mexico.cnn.com/salud/2013/05/20/que-sigue-a-un-divorcio-quiza-una-cirugia-plastica-si-buscas-venganza
Sobre el comportamiento del consumidor financiero en latinoamérica...
Creo que a este respecto existe
un gran desconocimiento. La mercadotecnia y los medios de comunicación no se
han ocupado de informar realmente a todo el púbico desde temprana edad y de
todos los grupos poblacionales (segmentos). Muchas personas no conocen
exactamente el uso o beneficio de determinados productos o servicios
financieros y por lo tanto no los utilizan o lo peor, los utilizan mal.
El autor
menciona tres premisas para asegurar una mejora a este respecto: el
fortalecimiento de los sistemas bancarios, una mayor profundización financiera
y acceso a servicios financieros y la consolidación de las democracias. A este
respecto, debo decir que no dudo del fortalecimiento de los sistemas bancarios
y que haya un mayor acceso a servicios financieros (por ejemplo, que ofrezcan
créditos y plásticos a diestra y siniestra), no obstante, lo anterior no quiere
decir que no haya errores humanos en estos sistemas y que no dependan de
factores externos como la política, la seguridad y estabilidad de una nación.
Tampoco significa que aunque muchos tengan acceso a un buen crédito, incluso
con tasas preferenciales, éstos hagan buen uso del mismo o los saque de la
pobreza. Aún más, considero que falta un largo trecho para decir verdaderamente
que tenemos una democracia consolidada y más que todos estos factores van a
ayudar a disminuir la pobreza (El comportamiento del consumidor financiero en
latinoamérica) .
Con relación a
este tema, los últimos estudios publicados este año muestran que sólo el 51% de la población encuestada tiene el hábito
de ahorrar, pero sólo 21% lo hace a través de productos o servicios
financieros. Esto quiere decir que los que restan lo hacen de manera informal, “debajo
del colchón”, a través de tandas, etc. Asimismo, de las personas que ahorran,
sólo 6% lo hace con vistas a su retiro laboral, es decir, a largo plazo. El
resto, lo ahorran para proyectos como autos o casas (Consulta Mitofsky, 2013) .
Otro estudio
relativo a la penetración y uso de servicios financieros reveló por ejemplo que
el método de pago más utilizado en nuestro país es el efectivo, en algunos
casos llega al 94% cuando se compra comida o baja al 83% para
electrodomésticos. Además, se reportó que en el área rural y los niveles de
ingreso bajos no reportan más forma de pago importante que el efectivo. Las
cuentas de ahorro y cheques han disminuido aunque los créditos han aumentado.
El uso de tarjetas de crédito también disminuyó y tres de cada diez encuestados
reportaron no utilizar servicios bancarios ni ahorrar. Es más, cerca de un 43%
no tiene un resguardo para emergencias pero sí saben de prestamistas y los ven
positivamente. Un último dato interesante: el 45% de los mexicanos elige a su
banco basado en la publicidad y el 20% por la ubicación de la sucursal (Consulta Mitofsky, 2013) .
A manera de
conclusión: en México existe una gran desinformación respecto de los productos
y servicios financieros. Las instituciones, gobierno, escuelas y universidades,
las familias y las compañías no se han tomado la menor molestia por educar e
informar a los consumidores para tomar decisiones más sensatas. Este gran
desconocimiento repercute en un enorme temor y desconfianza para aprovechar lo que
hay en el mercado por lo que no han tenido tanto éxito como en otras economías
en donde las personas saben explotar los beneficios al máximo. Si esto continúa,
la relación dispareja institución financiera- consumidor continuará, lo cual no
es sostenible y lo peor, estas diferencias no ayudarán a conciliar una sociedad
de por sí dividida por las diferencias e injusticias económicas. Habrá que
poner manos a la obra ya, informar y educar al consumidor. Entrenarlo para de
verdad construirse un mejor futuro, entendiendo la naturaleza de estos
productos y servicios, siendo precavido y aprovechando cuando sea lo sano a
largo plazo.
Bibliografía
Consulta Mitofsky. (4
de mayo de 2013). Encuesta sobre cultura de ahorro para el retiro
(AMAFORE). Recuperado el 30 de junio de 2013, de Consulta Mitofsky:
http://consulta.mx/web/index.php/estudios-e-investigaciones/otros-estudios/366-encuesta-sobre-cultura-de-ahorro-para-el-retiro-amafore
Consulta Mitofsky. (4
de abril de 2013). México opina. Recuperado el 30 de junio de 2013, de
Consulta Mitofsky:
http://consulta.mx/web/index.php/estudios-e-investigaciones/mexico-opina/170-servicios-financieros-en-mexico
El comportamiento del
consumidor financiero en latinoamérica. (s.f.).
miércoles, 3 de julio de 2013
Consumo de autos: razón o gusto
“Es que mis papás no entienden
que necesito un auto” me dijo en alguna ocasión un alumno. A lo que respondí
cuestionándolo sobre la utilidad que le brindaba el transporte de la
universidad o el público. “Me tendría que parar media hora antes” me respondió
(básicamente). Por lo cual le propuse presentarle a otro compañero que vivía
por la misma zona y tomaba clases en horario similar para que se pusieran de
acuerdo y por una módica cantidad cumplieran con los objetivos de transporte,
acompañarse para estar más seguros si salían tarde e incluso generar una
amistad. Su respuesta, aunque corta, dijo mucho: “Mejor voy a aceptar el
trabajo del verano y saco un crédito”.
Aunque el vehículo
en sí es una herramienta destinada principalmente a cubrir la necesidad básica
de transporte, sería engañarnos el pensar que es la única que cubre o incluso
la más importante para algunos. Si este consumo fuera razonable por naturaleza
entonces las calles estarían llenas de vehículos pequeños, ahorradores de
gasolina, incluso se consumirían más los ecológicos. Si hubiera vehículos
grandes serían colectivos y no para mostrar que se tiene más dinero o poder. En
ese sentido, el artículo de Ángeles Cámara es muy claro al identificar los
distintos consumidores de autos y sus razones para tomar dicha decisión. Los
hay que lo hacen por el puro gusto y que la necesidad de transporte ya la han
cubierto desde hace tiempo (pensando al estilo Maslow), los que podrían hacerlo
por gusto pero no dejan de contemplar la razón precio-utilidad (siendo esta última
no solamente la de transporte, no nos confundamos) y los que efectivamente
hacen primar la razón antes que el corazón
Entonces vemos
al consumidor que iba a comprar un Chevy o un Golf y por alguna extraña razón
termina comprando una Eco-Sport, pues a la hora de estar en la agencia le nace
la imperiosa necesidad de disfrutar más a su familia, salir a pasear y así
estarían más cómodos. Todos sabemos que posiblemente no salga más a pasear ni
el paseo necesariamente lo disfrutarán más, pero las justificaciones y sobre
todo para el asesor de ventas son más que válidas. De esta manera tenemos que
el año pasado, los diez coches más vendidos en México no fueron necesariamente los
más económicos o austeros (Guzmán, 2013) . Lo mismo pasa con
muchos productos cuyo uso debería ser el cubrir una necesidad básica, si no, sólo
pensemos en los celulares más novedosos. Éstos tienen todas las funciones
desarrolladas al máximo, internet, fotos, etc… curiosamente la que más les
falla es la del teléfono.
Debo reconocer
que a finales del año pasado yo estuve a punto de ser una de estas
consumidoras. Me di vueltas por todas las agencias de la ciudad subiéndome y
bajándome de autos y camionetas, haciendo cuentas, regateando y anexas. Hice
tablas comparativas, lo platiqué con mi esposo, me fui a la revista del consumidor,
en fin. Finalmente, debido a una emergencia familiar, no pude comprar nada.
Pero también hubo dos factores que influenciaron el que no hiciera una compra
impulsiva. El primero fue que para el coche que realmente me gustaba no me
alcanzaba. El segundo, irónicamente fue otra publicidad de bienes raíces en la
cual se predicaba más o menos lo siguiente: “el valor de tu coche en cinco años
será de la mitad, el de un terreno será el doble”.
Cámara Trejo, Á. (s.f.). ¿Razón o gusto? Para comprar un
auto.
Guzmán, A. (25 de abril
de 2013). Los 10 modelos más vendidos en México. Recuperado el 28 de
junio de 2013, de Atracción 360:
http://www.atraccion360.com/los-10-modelos-mas-vendidos-en-mexico?img=1
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